sábado, 17 de noviembre de 2012

¿Venís o te vas?


—¿Entonces en que quedamos? —preguntó en alta voz— ¿Venís o te vas? Dime o te vas
Hernán aún estaba indeciso. El embudo de la gente entrando en el tren lo empujaba contra un guardia que todo lo que necesitaba era seguridad. Se debatió unos pasos en contracorriente. Allá a lo lejos vió una mano conocida que lo saludaba mientras desaparecía en los andenes. Una mujer con un tapado abrigado en exceso para el calor de la época le empujó en el hombro izquierdo. Lo hizo girar. Y la misma cara del guardia lo esperaba en el molinete.
No, no estaba seguro. Y eso que se había repetido los mismos pasos una y otra vez en su cerebro. Como un dictamen que le exigía alguien más que no era él. Algún amigo imaginario, puesto que de carne y hueso —a pesar de que salía frecuentemente— no podía enumerar ninguno. Finalmente se acercó sin empujones.
—Es el último vagón. El de ahí atrás. —indicaba con el dedo el guarda.
—Asiento 32 —respondió Hernán en susurros.
—Decime el vagón del tren nene.
—Creo que es 14 —metiéndose en la cara el boleto de ferrocentral. —Sí.
—Acá en el medio. —apiadándose— el hombre de campera azul.

Hernán continuó andando arrastrando cada paso entre vagones de color verde. La gente esperaba en filas de puerta individual ordenaditos en terminales de fantasía. Entre tanto quilombo el pibe no podía ver si por allí se encontraba un resto de camperita azul. Finalmente quedando pocos por subir se pudo vislumbrar un plaquita al lado de cada una de las entradas.
—14B – FCA —eso era lo que le indicaba. Recordaba que número era así que de un salto se metió adentro del vagón. Todos sentados los esperaban. Mirando cada uno hacia el que tenía enfrente. Hernán con todo su equipaje encima encaró siguiendo una serie de números imaginarios. — El 30 está aquí.
—¿Perdón pero usted que número tiene?
—¿Vos que número sos?
—¿30? o el 31
—Pero o sos el 30 o el 31 .
—32
            —Ah, Allá atrás.

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