jueves, 15 de noviembre de 2012

Patos


            Era uno de esos días cuyos colores no  se encuentran en las paletas de los pintores y, no se puede simplemente ir a una tienda y pedir un verde Palermo o un cielo despejado. Ni siquiera se consigue ese lago seudo azulado. Lago al lado del cual, había unos patos pastando adentro de un corral imaginario con una tranquilidad transmisible a ellos. A ellos que estaban allí, tirados, debajo de uno de los tantos árboles, jugando al truco y cantando de vez en cuando algún envido. Mientras ella, no paraba de tirar señas a diestro y siniestro, contorsionando toda la cara con sonrisas chuecas. Señas que solo entendían de vez en cuando los miembros de un equipo equivocado.
            Entre jugada y jugada cebaba unos mates con un dejo de solemnidad. Agarrando el termo con ambas manos, como si fuera excesivamente grande y seguía con la mirada en concentración absoluta un chorro de agua el cual o era nulo, o excesivo rebalsando finalmente. Y ahí con frustración enojosa se sacudía las manos y el buso de rayas iba avanzando de a saltos sobre lo último que se asomaba de sus dedos.
            Así paso un rato. Un rato que debía ser eterno. Hasta que ella se cansó de un juego que ganaba con soltura. Ahí se paró ante un silencio de expectación de un salto y se fue acercando de a trancos al agua azul-verdosa en donde seguían pastando aquellos gansos. A medida que se acercaba se detenía. Con los brazos cruzados frunciendo la boca pensando que seguía. Y de pronto de un momento a otro comenzó a molestarlos bamboleando de un lado a otro un bolso desproporcionado. Y acechando y persiguiendo fue, con paciencia interrumpida por risas, sacando a las aves de su corral. Sacándolas de sus límites de antiguos dinosaurios.
            Los perseguía aleteando con sus brazos de buso. Enseñando cómo debían desplegar sus alas. Arrancaba y frenaba. Arrancaba y frenaba. Continuamente amagaba a esos pobres patos que, entre sorpresa y locura, le seguían el paso con cierta timidez. Finalmente iban desplegando sus alas. Uno en un momento, otro en otro. Haciendo un baile de cisnes, levantando las patas con ella al mismo tiempo. Y en el centro de los patos, cerca ya del lago, ella. Daba vueltas con el pelo suelto escapista de su nudo. Que se ataba, una y otra vez. 

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