Poco a poco se va recordando lo
hermoso que era todo a la sombra del sol, el cantar de los pájaros, las risas
infantiles y los momentos que deben de quedar. Hace ya tanto tiempo que con un
pacto de fuego juraba yo todo olvidar. Hace tanto tiempo que la infelicidad
perseguía sin cesar…
¡Qué boludo que fui! En una caja
transparente, que solo veía cuando se empañaba. Una caja transparente que con
el tiempo hacía daño y lastimaba, estaba yo sin tener espacio para querer. Sin
ningún anhelo por no saber. Pero cómo es que me he hecho eso. Sin duda fui un
boludo sin seso. No se cuanto hace que me despreciaba y con fuertes puñaladas
continuamente me mataba. Una y otra y una y otra como un Prometeo en su eterno
castigo.
Buscaba ser
infeliz con todos los poros de mi cuerpo. Nunca lo logré del todo, pero me las
ingeniaba para castigarme por las sonrisas fugaces que se escapan aún así de mi
boca. Supongo que lo único que veía a mi alrededor eran caras largas y ojos de
frágiles acristalamientos. Nunca había escuchado de forma memorable, más que
aquellos años que yo había olvidado, una risa contagiosa. Nunca había una
canción dichosa. ¡Ah perdónenme! Pero me había olvidado de todo. Sin embargo no
quiero crean que yo siempre fui infeliz. Nunca dejen que nadie les toque su niñez.
Pero a pesar todo mi niñez terminó y de forma abrupta. Los juegos a las
peonzas. Los juegos creados por mi y contagiosos por el recreo. Los juegos a
soldados. Los juegos bien amados. Y es que no se como todo eso había yo
borrado.
Mi padre
trabajaba siempre viajando afuera. No era algo raro que vaya durante un tiempo.
No era algo extraño que después vuelva y todo lo bueno siga siendo. Sin embargo,
la última vez fue diferente. Se fue a Brasil yo recuerdo y durante cinco meses
enteros no nos vimos. Mi viejo era lo máximo para mí y lo quería con toda mi
alma. Hacíamos todo juntos yo ahora lo recuerdo. Quitar enojos a través de la
oreja (cosa que aún creo que es posible). Andar en bicicleta, perseguir los
pato-gansos. Uipi uipi uipi uipi uiiii uipi uiiii uipi uipi uipi uipi Sin
embargo después de esos cinco meses no volvió a ser igual. Cuando volvió nos
juntamos todos en un restaurante, algo en extremo raro en esa época, con una
excitación en el aire se nos dio dos opciones. O íbamos todos a Brasil y pasábamos
ahí el año próximo o nos quedábamos con mamá en Madrid y el vendría de vez en
cuando. Supongo que cada vez que me acuerdo de este momento me da algo de
bronca que no haya dicho como opción quedarnos todos en Madrid a pesar de que
posiblemente no era una opción viable. Yo tuve una infancia muy feliz en
España. Creo que en ese entonces todo era perfecto para mí. Y no podía
imaginarme ser infeliz. Sí, es cierto que no era todo rosa en Madrid. Recuerdo
cuando papá estaba en Egipto y mi madre estaba terriblemente asustada. Sin
embargo, todo era olvidado cuando él volvía e íbamos al Prado. Pero todo cambió
después de esos cinco meses.
No había
nada que elegir en realidad. Vivir todos juntos es lo que cualquiera habría
elegido. Me habían prometido vivir en una casa y sobre todo lo que más me
influenciaba era que me iban a comprar un perro. Yo no encontraba gran
dramatismo de la situación. Lo vivía como una aventura de un año y estaba
contentísimo de tener que aprender otro idioma como el portugués. Siempre quise
saber varios idiomas e envidiaba con locura un chico que hablaba francés en la
clase al cual intentaba siempre acercarme disimuladamente. A pesar de todo.
Nunca puse en duda la palabra de mis padres. Era un año. Íbamos y volvíamos,
por lo tanto me parecía ridículo e incomprensible (e incluso enojoso) las
cartitas de despedida y los llantos de mis compañeros. Iba y volvía. Pero no
fui y volví. Fue todo muy diferente.
No bien
pusimos el pie en Brasil comenzaron las discusiones violentas y la frase que quedo
siempre como amenaza y que repetía mi mamá casi todos los días: “avión su
ruta”. Era un Hotel en Villa do Atlántico. En Bahía. Ahí comenzamos a buscar
escuelas. Hablaban portugués e iban con malla y tabla de surf al colegio. Todo
me parecía terriblemente atractivo y sobre todo exótico. Esperaba el perro con
ansias.
Estuvimos
muy poco tiempo en ese lugar. En realidad ni superamos el mes y mis recuerdos
no son mucho más de lo que he dicho aunque una pileta de corales con peces
multicolores al alcance de la mano y las comidas en las que había que esperar
que el mozo las pesque son, en mi cabeza, marcador indeleble. Yo siempre quise
viajar como mi padre y esta era la primera vez que íbamos con él. En esa época
si alguien me habría acosado con la incomodidad de a quien quería más, si a mi
papá o a mi mamá habría respondido sin dudas a mi viejo. Con el transgredíamos
las reglas que ponía férreamente mi mamá. Pero en Bahía estuvimos muy poco
tiempo. Por no decir nada ya que la computadora ni siquiera la enchufamos para
jugar al Warcraft II. Juego al cual con mi hermano éramos incansables. Y yo a
todos lados iba con su manual y sus hipnóticos dibujos que me hicieron por
primera vez querer copiarlos dibujándolos una y otra vez. Fuimos a Buenos Aires
de allí. De visita a toda la familia que había visto a cada integrante una vez
o ninguna. Los abuelos de los cuales no tengo memoria alguna que hayan visitado
España y mis hermanos más grandes de los cuales yo tenía terrible curiosidad
por las historietas que hacía Diego pero sentía terrible lástima por que mi
padre no los veía hacía años por lo que sacaba en claro que no los podía querer
demasiado. Para mi era imposible querer a alguien y soportar no verlo durante
mucho tiempo. Sigue siéndolo.
Cuando
llegamos a Argentina aparecieron una rastra de familiares los cuales se
encontraban ansiosos de cumplir un rol que ya no tenía sentido. Se atribuían de
pronto y sin ningún derecho el mote de tías, primos, hermanos, abuelos. Yo
tenía familia en España. Familia que era en cierto modo inventada. Sin embargo
comprendí muy rápidamente que las cosas no vienen impuestas, sino que deben
ganarse con confianza y respeto. Sin embargo a ninguno parecía importarle eso.
Debía yo cumplir un rol con todos ellos. En parte los culpé durante mucho
tiempo por quedarme en Argentina puesto que, siempre creí que si ellos no
habrían encantado a mi madre habríamos vuelto a España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario